Nuestra experiencia y qué encontrarás.

Hay lugares que hemos visto cientos de veces en fotografías, películas, documentales y libros, pero que cambian completamente cuando los tienes delante.
El Coliseo de Roma fue uno de ellos.
Durante nuestra primera visita a Roma teníamos claro que no queríamos conformarnos con verlo desde fuera. Queríamos entrar, caminar por sus galerías y descubrir cómo era realmente uno de los monumentos más famosos del mundo.
Y aunque desde el exterior ya impresiona por sus dimensiones, fue al entrar cuando empezamos a comprender realmente la magnitud de lo que teníamos delante.

Nuestra visita al interior del Coliseo
Una vez dentro, lo primero que sorprende es comprobar que el Coliseo que vemos actualmente es muy diferente al que contemplaban los romanos hace casi dos mil años.
Gran parte de las gradas y del suelo original de la arena han desaparecido, dejando a la vista una enorme estructura de pasillos, muros y cámaras en la parte inferior.
Es el hipogeo, una de las zonas más fascinantes del Coliseo.
Allí abajo se encontraban corredores, espacios para gladiadores y animales y toda una infraestructura que permitía preparar los espectáculos antes de que aparecieran ante miles de espectadores.
Desde las zonas superiores se puede observar perfectamente este entramado y hacerse una idea de la enorme organización necesaria para que aquellos espectáculos funcionaran.

Un estadio gigantesco hace casi 2.000 años
El Coliseo comenzó a construirse durante el gobierno del emperador Vespasiano alrededor del año 70 d. C. y fue inaugurado por su hijo Tito en el año 80.
Su nombre original era Anfiteatro Flavio, por la dinastía de emperadores responsables de su construcción.
Se calcula que podía albergar a decenas de miles de espectadores, distribuidos en diferentes zonas según su posición dentro de la sociedad romana.
Aquí se celebraban combates de gladiadores, cacerías de animales y diferentes espectáculos públicos.
Pensar que todo aquello ocurría exactamente en el lugar donde estás caminando es probablemente una de las cosas que hacen que visitar el Coliseo resulte tan especial.

¿Qué se puede ver dentro del Coliseo?
Si únicamente lo has visto en fotografías desde el exterior, quizá pienses que entrar consiste simplemente en contemplar la arena desde otra perspectiva.
Pero hay bastante más.
Durante el recorrido puedes caminar por diferentes galerías interiores, observar restos de las antiguas estructuras, contemplar el hipogeo desde arriba y acceder a varios niveles desde los que se obtienen perspectivas completamente diferentes del anfiteatro.
También es uno de esos lugares donde merece la pena detenerse unos minutos.
Nosotros hicimos muchas fotografías, pero también hubo momentos en los que simplemente nos quedamos mirando.
Porque cuesta imaginar que hace casi dos mil años aquellas gradas estuvieran llenas de personas esperando que comenzara el espectáculo.

El hipogeo: lo que había debajo de la arena
Probablemente sea una de las imágenes que más llaman la atención cuando entras.
Actualmente buena parte del suelo de la arena ya no existe y eso permite ver el complejo sistema de estructuras situado debajo.
El hipogeo estaba compuesto por corredores y espacios utilizados durante los espectáculos. Desde allí se organizaba la aparición de gladiadores, animales y diferentes elementos sobre la arena.
Existían mecanismos y elevadores que permitían hacerlos aparecer prácticamente delante de los espectadores.
Cuando lo observas desde arriba entiendes que el Coliseo no era simplemente un enorme estadio.
Era también una impresionante obra de ingeniería.

Las vistas desde el Coliseo
Otra cosa que nos gustó mucho fue mirar hacia fuera.
Desde algunos puntos del recorrido aparecen ante ti partes del Foro Romano, el Arco de Constantino y otros restos de la antigua Roma.
Es uno de esos momentos en los que resulta difícil saber hacia dónde apuntar la cámara.
Por un lado tienes el interior del Coliseo y por el otro una buena parte de la historia de Roma extendiéndose delante de ti.

¿Cuánto tiempo necesitas para visitar el Coliseo?
Esto dependerá mucho del tipo de entrada y de cuánto te guste detenerte, hacer fotografías o leer la información durante el recorrido.
Nosotros recomendamos no visitarlo con prisas.
Si has pagado una entrada y has llegado hasta uno de los monumentos más importantes de Roma, merece la pena dedicarle tiempo suficiente para recorrerlo tranquilamente.
Además, dependiendo de la entrada que compres, puedes tener acceso a diferentes zonas, por lo que conviene comprobar exactamente qué incluye antes de reservar.

¿Es necesario comprar las entradas con antelación?
Nuestra recomendación es hacerlo.
El Coliseo es uno de los monumentos más visitados de Roma y las entradas tienen horarios determinados de acceso.
Especialmente si visitas Roma durante los meses con mayor cantidad de turistas, dejar la compra para el último momento puede limitar bastante tus opciones.
Nosotros siempre preferimos llevar este tipo de visitas importantes organizadas y después dejar el resto del día más abierto.

¿Merece la pena entrar al Coliseo?
Para nosotros, sí.
Y mucho.
Puedes acercarte, verlo desde fuera, hacerte la fotografía típica y continuar recorriendo Roma. Incluso así seguirá siendo impresionante.
Pero entrar cambia completamente la experiencia.
Desde fuera estás contemplando un monumento.
Desde dentro empiezas a imaginar lo que ocurrió allí.
Puedes observar las galerías, las antiguas gradas, el hipogeo y las dimensiones reales de un lugar construido hace casi dos mil años para recibir a decenas de miles de personas.
Si es tu primera visita a Roma y tienes que elegir algunas atracciones de pago, nosotros incluiríamos el Coliseo entre ellas sin demasiadas dudas.

Nuestra experiencia
Habíamos visto el Coliseo infinidad de veces antes de viajar a Roma.
Pero ninguna fotografía nos había preparado realmente para estar dentro.
Caminar por un lugar con casi dos mil años de historia, observar lo que quedaba debajo de la antigua arena e intentar imaginar aquellas gradas completamente llenas fue una experiencia difícil de comparar con cualquier otro monumento de la ciudad.

Roma tiene muchísimo que ofrecer y podrías pasar días recorriéndola.
Pero hay lugares que forman parte de la historia de la ciudad de una manera especial.
Y para nosotros, entrar al Coliseo fue uno de esos momentos que justifican por sí solos un viaje a Roma.

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